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Testimonio de Juan Báez, director de Acedur

Juan Báez, Director de obra de Acedur, Burguesa y Moduli.
Con Panexa, me pude salir de la obra finalmente. Ahora dedico mi tiempo a actividades de mayor valor, que hacen una diferencia en el negocio.

Juan Báez, Director de obra de Acedur, Burguesa y Moduli.

Aprende cómo Acedur pudo mejorar su competitividad de la mano de Panexa

Sobre mí

Mis inicios en el Steel Frame fueron allá por el 2014. En aquel entonces el sistema constructivo era muy incipiente y casi desconocido. Lo recuerdo bien: fue evangelizar durante mucho tiempo y desmitificar otro tanto, derribando prejuicios y desengañando falsas creencias.

Hacíamos el panelizado de nuestras primeras obras en el terreno mismo del cliente, midiendo y cortando el perfil de 6 metros. No me daba cuenta entonces, pero ahora que estoy acostumbrado a recibir la estructura de acero lista, aquella modalidad de trabajo me imponía grandes exigencias en mi carga de trabajo y me consumía valiosas horas y energía. Quiero contarte cómo ha impactado en mi vida personal y laboral trabajar con Panexa. Lo resumo en estos 6 puntos:

1. Ahorro de costos de material

Primero, teníamos que hacer un cómputo de perfilería de acero, que invariablemente, en el cotejo con el consumo real en obra, tenía desvíos tanto por exceso como por defecto. En ambos casos, era un problema. Si faltaba material, lastimaba nuestra rentabilidad, puesto que el exceso de material no estaba contemplado en los costos, y salía del único lugar de donde podía salir: de mi rentabilidad. A la inversa, si sobraba material, si bien se podía reutilizar en otra obra, como lo hacíamos, implicaba pedir un flete (cuyo costo era un conflicto sobre quién debía pagarlo, nosotros o el cliente), cargarlo y peor aún, tener un lugar dónde descargarlo, y dejarlo acopiado hasta tanto se necesitara nuevamente. En los primeros años, no teníamos una nave industrial, como la tenemos hoy, mucho menos un galpón, así que lo que sobraba se enviaba a otra obra en curso, y si no, se daba a pérdida y se tiraba. Los años andando, tuvimos nuestro galpón, pero el patio sinceramente era un cementerio de perfiles de todas las familias y largos. Supuestamente se podían reutilizar pero era tan laborioso encontrar los perfiles, moverlos, acomodarlos, que en la realidad quedaban ahí tirados y amontonados por meses. En fin, era un problema. 

A medida que empezamos a crecer en cantidad de obras y en complejidad de las mismas, el problema se hizo cada vez más grave y recurrente. Cuando faltaba material, se perdía tiempo en coordinar y esperar un flete, tenía que lidiar con la queja y el reclamo del contratista, que perdía jornales esperando un flete de materiales que no llegaba. Y también incurría en el costo del flete, pues no consideraba justo penalizar a mi cliente por la diferencia entre cómputo y consumo.

Ahora la realidad es muy diferente. Recibo la estructura de acero en obra, completa, no sobra y no falta un perfil. Se levanta la estructura sin contratiempos, sin sobrecostos y cuando finalmente está toda arriba, el terreno está limpio: no falta nada, no sobra nada. Visualmente la obra se ve prolija, limpia y no hay que lamentar perfiles comprados de más y de menos. 

2. Ahorro de visitas a obra

¿Me creerías si te contara que hubo un tiempo en el que visitaba la obra tan tarde, que era de noche ya? No me quedaba otra opción, eran tantas y algunas tan lejos, que cuando finalmente llegaba, el sol ya se había escondido. Linterna en mano, controlaba la estructura de acero. No era algo que pudiera postergar, pues el acero es una etapa crítica que no admite falencias y una vez ejecutadas, no se pueden corregir. Cierto, una de las ventajas del Steel Frame es su impresionante velocidad de ejecución, pero esta misma ventaja, como profesionales de la construcción que somos, nos exige controlar oportunamente, sin dilaciones. 

Algo que me insumía una cantidad de tiempo considerable era el control de cotas en vanos. Recuerdo que controlaba vano por vano, exhaustivamente, las cotas de alto y ancho, en 3 puntos. Con frecuencia las diferencias eran significativas, y requerían enmienda. Aquí empezaba una lucha interminable con el contratista para que corrigiera el vano, naturalmente había resistencia. En más oportunidades de las que quiero recordar, el error no se corregía, y se acusaba cuando se instalaban aberturas, momento en el que los 5 mm. de diferencia impedía que una ventana quepa en el vano. ¡Dios, qué impotencia me daba topar de nuevo con el mismo error, que nadie quiso corregir!

Me pasaba lo mismo con las alturas de los dinteles y antepechos, algo imprescindible en el control de obra, y que ahora, he dejado de controlar con la certeza absoluta de que lo producido por la conformadora tiene precisión de milímetro y que puedo confiar ciegamente que las alturas y cotas son correctas. 

Hoy tengo algo que parecía imposible tener antes: más ocio, más tiempo libre. Voy a obra, pero más como una visita social, que como una misión inexcusable, impuesta, que me drenaba de tiempo y energía. 

3. Cero errores

 

Me pasaba también que muchas veces, cuando llegaba a obra, descubría un error, ya tarde para corregir. Esto implicaba pedir material de nuevo, asumir el costo del mismo, incurrir en un gasto en flete, adicionales de mano de obra y una penalidad en tiempo. Terminaba frustrado y mi contratista de obra seca con su rentabilidad y productividad afectadas. Sin contar con el insidioso intercambio de culpas que dejaba a todos con un sabor amargo que no contribuía en nada en la moral del equipo. 

Ahora recibo la estructura completa del proyecto lista para instalar, libre de errores. Mi celular ya casi no suena, porque no hay consultas de mi equipo y hago rendir mi tiempo con menos visitas a obra. La productividad y la velocidad de montaje se dispararon al cielo, y ciertamente, mi relación con los contratistas de obra seca ha mejorado, tanto, que sin quererlo se han fidelizado, puesto que cuando tienen que hacer una obra para un tercero, y sabiendo que tienen que hacer la estructura en obra, prefieren no hacerla. Así que los beneficios han superado largamente las expectativas. 



4. ¡Pude delegar!

Antes, cuando nuestro proceso productivo no estaba tan profesionalizado, realmente me costaba delegar sin comprometer la calidad del resultado. Sencillamente, los profesionales de mi equipo no contaban con la misma experiencia con la que yo contaba. Tanto más en un sistema constructivo en el que, a diferencia de tradicional, no hay tradición y una generación de profesionales ya formada. El aprendizaje es lento, lleva años y miles de metros construidos. Con la estructura modelada previamente y panelizada en planta industrial, indudablemente he podido delegar el control de una etapa tan crítica. Las decisiones constructivas y estructurales se toman en el modelo, en gabinete, y podemos mover píxeles a discreción, en vez de perfiles. Puedo analizar cada proyecto en un espacio cómodo, con tiempo, sin las distracciones propias de la obra. Una vez cerrado el proyecto, tengo la tranquilidad de que un arquitecto junior lo puede llevar adelante exitosamente, puesto que previamente hemos ya discutido y anticipado todos los puntos críticos. Así, quedo liberado para otras tareas de mayor valor y dedico mi tiempo a cosas de mayor impacto, con la certeza y la tranquilidad de que la obra avanza sin problemas. 

5. Celular callado

Antes, cuando hacíamos el panelizado en obra, las consultas diarias y frecuentes del contratista inundaban mi celular con llamadas, videos y fotos, que muchas veces no podía responder, porque me encontraba en reunión. La falta de respuesta, o la respuesta tardía frustraban a mi equipo, que quedaba esperando una definición de mi parte. 

Rara vez podía terminar algo, a poco de haber empezado, en menos de diez minutos alguien me interrumpía con una consulta. Así mi frustración crecía, y lamentablemente, esta indisposición se transmitía y comunicaba en mi tono de voz, en mi lenguaje corporal, en mi lenguaje verbal, y me convertía en algo que no quería ser: un líder lejano, de ceño fruncido, a quien la gente temía acercarse. 

Hoy, sé que si mi celular suena, es algo verdaderamente importante. Por lo general, me llama el arquitecto a cargo de la obra, ya no el contratista. Tengo mejor disposición para enfrentar lo que sucede día a día y se nota en la obra, en su avance y en el resultado final. 

6. Contratistas fidelizados

Finalmente, algo que no podría haber anticipado, es que sin quererlo nuestros contratistas aceptaron y adoptaron el recibir la estructura lista para montar. Contrario a lo que temíamos, no reputaron como una amenaza a su trabajo el recibir los paneles listos. Y es que descubrieron que pueden ejecutar más metros cuadrados en la misma unidad de tiempo, lo que redunda en mayores ganancias. Es así que hoy nos cuesta menos trabajo competir por la mano de obra con otras empresas constructoras.


Claramente hay un antes y un después muy marcados en la manera en la que hoy construimos. Panexa nos ha ayudado a redefinir todo nuestro proceso de construcción. Sentimos que hemos evolucionado, y aun revolucionado, nuestros viejos paradigmas. Definitivamente, no volveríamos a hacer las cosas como antes.